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Sin ruido.

  • Foto del escritor: GOMA Brand Narratives
    GOMA Brand Narratives
  • 27 ene
  • 2 Min. de lectura

Yo conocí Areia, hace cuatro años, sentado en unas sillas de plástico. No habían comenzado las obras, aunque en la cabeza de Carlos todo estaba más que conformado. No existe nadie con las proyecciones más claras que él. Quizá, como ser humano que es, a veces insistiese en acelerar procesos que tenían que llegar -y llegaron- de forma natural y orgánica, pero no es punible. Cuán difícil tarea es tener paciencia cuando sabes perfectamente hacia dónde te diriges.


Carlos, Mara. El alma de Areia.
Carlos, Mara. El alma de Areia.

Y sí, comenzó sin ruido. De hecho, se podría decir que sigue sin ser un espacio que se empeñe en gritar constantemente al mundo lo que es y lo que pretende, porque han centrado sus miras en ser ese reducto de paz que combina absolutamente todos los aspectos presentes en las grandes casas de mesas y mantel de este país. Silencio, calma y una obsesión por el trabajo bien hecho, no solo de cara al comensal, sino a través de todos sus procesos internos. Cero anarquía.


Hemos estado juntos desde el inicio. Con sus momentos felices, sus verdades incómodas y sus conversaciones necesarias. Todos ingredientes necesarios para ser hoy día quienes son. Pero si hoy estoy escribiendo esto, es porque Carlos y Mara han sido, a través de esa exigencia casi obsesiva, partícipes de que hoy GOMA sea lo que es, y que comparta esa visión del detalle y esa ética de trabajo que, inequívocamente, no conduce a otro rincón que no sea el éxito.


Cuatro años no son una cifra redonda.

Pero sí son una prueba.


Y juntos, las hemos pasado como se pasan las cosas importantes: con coherencia, con calma y con la seguridad de quien no tiene nada que demostrar.


Felicidades, amigos.

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